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24 diciembre 2008

“Trato de hacer posible lo imposible”: Betsy Navarro



Betsy Navarro Peña se levanta todos los días a las siete de la mañana, se prepara su desayuno, se va al laboratorio donde realiza sus investigaciones y regresa 12 horas después. De vez en cuando, su silla de ruedas se atasca en algún hueco, pero siempre hay alguien que le da la mano. “Siempre que tienes una piedra en el camino, debes apartarla para poder hacer lo que te gusta. Trato de hacer posible lo imposible”, dice con una sonrisa y una tranquilidad envidiables.

Es una mujer realmente emprendedora que ha sabido superar las dificultades con la pasión por lo que hace. Por eso, su discapacidad no ha representado ningún obstáculo y al contrario, siempre busca el lado positivo. “Hay que mejorar lo que se tiene y hacer lo que a uno le gusta. Hay que quitar las piedras en el camino, así sean peñones y buscar la palanca para quitarlos. En mi caso, esa palanca han sido mis amigos, familiares, vecinos, angelitos en la calle y papás y mamás en todos lados”.

Betsy Navarro, egresada de la promoción del año 83 del colegio Nacional Loperena, estudió Química y Farmacéutica en la Universidad de Cartagena, destacándose con matrícula de honor en todos los semestres. Luego realizó una maestría en Magister Scientiarium en Bioquímica en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, en Venezuela. En el 2001 logró el doctorado en Fisiología y Biofísica en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas de Venezuela en colaboración con la Mayo Graduate School de Rochester, Minnesota.

En pasados días fue homenajeada con la medalla al mérito Cacique Upar por la Gobernación del Cesar por los múltiples logros alcanzados en el país del Tío Sam. “Para mí ha sido un honor muy grande que en mi tierra se reconozca el esfuerzo que se hace en educación y en investigación. En el Cesar se hace muy poca ciencia, aunque con gran orgullo están en la creación del Centro de Tecnología del Cesar, lo cual me parece estupendo porque las juventudes necesitan conocerla y aplicarla al desarrollo de nuevas tecnologías que nos lleven al progreso. Para mí la educación es el motor del progreso en cualquier parte del mundo”, le dijo a EL PILÓN la investigadora científica.

Desde su perspectiva, el Cesar necesita un empujoncito en cuanto a ciencia se refiere puesto que “falta mucho por avanzar en ciencia y tecnología”. De la misma manera, hay que ser claros con los jóvenes porque “la ciencia en Estados Unidos y en todas partes del mundo se hace por gusto, no porque uno se vaya a llenar de dinero. Si tú quieres hacer dinero no trabajes en educación, trabaja en industria farmacéutica. Ahí si puedes ganar plata”, señaló la exitosa vallenata.

Pero es conciente de que estamos rodeados de una cultura en el que el dinero fácil y rápido han primado como fuente de ingresos. En su vida ha tocado muchas puertas, y a pesar de que se le han cerrado, las ha seguido tocando.

Su vida no ha sido nada fácil. Cuando tenía sólo dos años y medio de edad, le descubrieron polio en ambas piernas. “Crecí caminando con aparatos ortopédicos y muletas”. Luego, en 1996 tuvo un daño en la médula, la cual la dejó en silla de ruedas y “con un dolor neuropático horrible que me da a diario; hay días que no puedo ni siquiera ir a trabajar y me toca quedarme en casa porque el dolor no me deja hacer nada”.

Ni siquiera eso fue impedimento para seguir sus objetivos en la vida. Tropiezo tras tropiezo fue descubriendo la mejor forma de salir adelante. En abril de este año le detectaron cáncer en un seno, pero según ella fue prueba superada. “El doctor me dijo que me tenía una mala noticia, lo primero que le dije fue que si era cáncer que me dijera qué tenía que hacer para tratarlo porque mi parte científica siempre ha primado en todos mis procesos. Si me llegó era porque lo podía superar”, recordó Navarro Peña. Afortunadamente, evoluciona satisfactoriamente gracias a las radioterapias y toma medicamentos para controlar la enfermedad.

Ahora está en casa, disfrutando de su descanso anual, el cual aprovecha para permanecer con sus sobrinos y recordar viejos tiempos con sus compañeros de la promoción 83 del Loperena.

“Aquí aprovecho para comer bocachico porque me encanta, lo como casi a diario; además no me pierdo del mango de hilacha, las arepitas de ‘La bella’, los queques, las almojábanas; es ineludible ir al río a nadar un rato… son cosas que allá no puedo hacer”.

El 12 de enero retornará a Boston, nuevamente a vivir sola, pero siempre buscando las soluciones de los problemas. “Quisiera vivir acá, pero desafortunadamente con el daño medular no puedo porque el dolor neuropático sólo se controla con una bomba de infusión intratecal que envía medicamentos las 24 horas del día a la médula. Aquí no lo hacen, el seguro no lo cubre y los medicamentos no están autorizados para ser colocados de manera intratecal sino oral. Si se logra que cambie el proceso o descubran una forma diferente de bloquearme el dolor, volvería”.
http://elpilon.com.co/noticias/not00021523.htm

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